“La Educación Inclusiva no es un regalo, no es un premio, es un DERECHO y así se establece desde que en el año 2006 se aprobó la Convención de los Derechos de las Personas con discapacidad”. (Elizondo, Cuestionado la normalidad, diciembre 2019, Blog: “Mom petit coin d’éducation)

La UNESCO define la educación inclusiva como “el proceso de identificar y responder a la diversidad de las necesidades de todos los estudiantes a través de la mayor participación en el aprendizaje, las culturas y las comunidades, y reduciendo la exclusión en la educación. Involucra cambios y modificaciones en contenidos, aproximaciones, estructuras y estrategias, con una visión común que incluye a todos los niño/as del rango de edad apropiado y la convicción de que es la responsabilidad del sistema regular, educar a todos los niño/as”.

 “La educación inclusiva responde al desafío de ofrecer una mejor educación para todos, en la que cualquier niño o niña pueda participar en la vida del colegio que los padres elijan, con otros niños y niñas de su edad y con los apoyos necesarios para su plena participación”. (Cortés, 2010; Inclusión Internacional, 2009).

Esto significa que todos los niños de un mismo centro aprenden juntos, sin importar sus características, necesidades, sin crear grupos diferentes por capacidades o necesidades, sin separa por clases, pues debe atender no solo a aquellos niños con necesidades en el proceso de aprendizaje, sino a todos. La educación inclusiva es una educación que suma.

Para ello debemos partir de la idea que todos los niños son capaces. Capaces de aprender y de colaborar en su proceso educativo. No debe de existir una selección o requisitos para poder acceder a esta educación. En la escuela inclusiva tienen cabida todos.

Los profesores y maestros son guías y apoyos para los alumnos en sus aprendizajes. Y estos aprendizajes deben ser multidisciplinares, basados en intereses y motivaciones, flexibles, democráticos y críticos. Esto exige una formación continua de todo el  profesorado, no solo de los especialistas. Esta  formación es fundamental para poder crear programas educativos y académicos que fomenten esa inclusión educativa.

Todos los agentes son participes activos de esta educación. Los profesores, los alumnos, pero también las familias y el entorno social, pues la educación debe dar respuestas a las demandas de la sociedad: contar con personas cada vez más críticas, más participativas, que sepan trabajar en grupo, que sean piezas, cada una de ellas, necesarias para el futuro de su comunidad.

Esta participación en la educación por parte de todos  implica colaboración, aportaciones, escucha, empatía, reflexión y puesta en común de ideas de todas las partes.

Este tipo de aprendizaje de cooperación, participación, flexibilidad, solo es posible si el proyecto de centro es abierto, consensuado y en continuo cambio favoreciendo siempre una educación inclusiva.

Referencias bibliográficas:

 

by Susana Huertas.